bloody lady bathory by Victor Kobal
La mano de Néstor temblaba. Los seiscientos gramos de cuchillo tampoco ayudaban. Llevaba ocho capítulos soñando en una espiral de asesinatos y sadismo. Y ahora era incapaz de matar al mierda del director.
-No puedo, Helena, esto de matar… No sé. No deja de ser una persona.- dijo Néstor cabizbajo.
- ¿Persona? Este hijoputa es un violador de ancianas.- chilló Helena, que no estaba para ostias.
-Bueno, visto así…-
-Bueno visto así… ¡Memo! ¡Cobarde asqueroso! La cosa es sencilla. Tú y yo hicimos un pacto. Tú necesitabas una casa más grande, ibas a cometer una escabechina, decías. Tú, que no puedes matar a quien se lo merece. Y nosotras teníamos un cerdo viviendo en nuestra casa. Tú querías metros cuadrados. Nosotras queríamos justicia. Su muerte a cambio de la tercera planta donde vive el director y el uso de las zonas comunes. Y ahora tiemblas como un mierda. – Dijo Helena soltándole un bofetón.- Que no piensas hablar. ¡Eh! Tú, tarado. No nos dejas mucha salidas. O cumples o tendremos que dar de comer a ese culito que tienes.
Néstor no dudo ni un instante. Aquellos ojos no eran de viejecita sino de halcón. Atravesó el cuello del director. Lloraba a lágrima viva. Todas las viejecitas corrieron a abrazarlo. La primera en llegar fue Helena. Ella también lloraba.
-Perdona Néstor. Perdóname. Era necesario. Tuviste un momento de debilidad. Ahora somos tu familia y cuidaremos de ti. Todas las viejecitas abrazaron a Néstor. Todas lloraban. Y la ropa de todas se iba tornando roja.
Al día siguiente, Néstor hizo la mudanza. La verdad, la tercera planta era muy grande. A partir de ese día todos fueron felices y las viejecitas tuvieron su día de flujo semanal aunque Néstor tuviera que hincharse a Viagra para poder cumplir, pero eso ya es otra historia…